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lunes, septiembre 26, 2011

YO NUNCA LLEGARÉ TARDE

Nunca llegaré tarde


Sé que pensaste que no llegaría; sé que aunque creías que lo haría, en algunos momentos dejaste de verlo; sé que en momentos gritaste pensando que no te escuchaba; sé que has dicho ¿Dónde estás?; sé que has mirado al firmamento tratando de verme; pero aunque mirabas para todas partes tratando de encontrarme, Yo Soy el que siempre he estado a tu lado, tan cerca de ti como para sentir los latidos de tu corazón. Y aquí estoy, hoy quiero decirte algo…
Hij@ mi@, muchas son las razones por las que has llorado últimamente, he visto tu lento caminar y tú esfuerzo por no dejarme, ni tomar otro camino, he sentido tus gritos, tu desesperación, he escuchado tu muchas palabras, algunas de reclamos, otras de ¿¡porque!? He visto todo lo que has hecho hasta hoy y con tristeza te digo, algunas me han herido y otras me han causado tristeza, ¿Por qué no crees en mí, aunque dices hacerlo?
Yo he estado a tu lado en cada momento, te he esforzado para que sigas adelante, te he sustentado para que no te falte nada, te he ayudado para que veas mi rostro aun en medio de la oscuridad, te he tendido mi mano y te he dicho “Aquí estoy ven y hablemos”; pero sé que en algunas veces no has podido verme a causa de tu ansiedad y desesperanza, pero aun así Yo he estado ahí para ti siempre, y aun me dices ¿Dónde estás?
¿Acaso crees que no lloro al ver que con todo mi poder he tratado de que me veas, pero parece que nunca lo harás? La lágrimas no solo son algo humano, también son Divinas, porque las lágrimas en muchos casos demuestran un amor profundo, y es por mi amor eterno hacia ti que lloro al ver que he estado siempre a tu lado pero parece que en los momentos que más dices necesitarme, no me ves y dices que Yo no estoy.
Como quieres que te diga, Hij@ mi@, que te Amo como nunca nadie jamás te Amará y que me deleito en ayudarte a seguir, me deleito en Amarte; si no fuera así no hubiera entregado a mi propio Hijo para que pudiéramos hablar y pudieras verme y aun pudieras estar conmigo por siempre; ¿acaso si tu tuvieras un hijo lo entregarías para que lo trataran de la forma en que trataron a mi Hijo Jesucristo?
Deja de mirar para otras partes y ¡Mírame! Yo estoy acá, vine hoy a ti, aunque tú no creas que sea posible, vine hoy a ti aunque no hayas creído todo este tiempo, aunque decías hacerlo, dudabas y aun dudas de que Yo sea Dios y que puedo hablarte donde sea, como sea y a la hora que quiera, a través de la persona que Yo elija para hacerlo; pero tus propios estándares han hecho que tú mismo limites mi querer hablarte, pensando que muchas cosas no pueden pasar, dime ¿Qué es imposible para mí? Yo Soy el que Soy y Yo Soy tú Dios, deja ya de hablar sin creer, de pensar sin creer, de orar sin creer; cree, porque para mí nada, absolutamente nada, es imposible.
He venido porque he visto tu dolor, y he decidido hablarte y decirte que estoy muy cerca de ti, más que tus propios latidos, más que tu corazón, más que tu sangre; vine para decirte que Te Amo Eternamente y que no mires más para otras partes, ven para que hablemos, si sientes que no puedes, yo te ayudo a seguir, pero ven hablemos, ven y háblame, ven y dime que es lo que necesitas, ven y háblame a cada momento; ¿porque sigues diciendo que soy tu Dios? pero no has entendido que Soy tu Dios, sigues creyendo que no puedo hacer ciertas cosas, sigues tú mismo limitándome, tratando de decir que puedo y que no puedo hacer.
Con amor quiero decirte que deja ya todo lo que te estorba, deja ya todo lo que te aparta poco a poco de mí, deja ya todo lo que sabes que no te está ayudando, deja ya todo lo que no te deja crecer; perdona, ve y perdona; ama, ve y ama, ayuda, ve y ayuda; deja ya todo lo que te causa un obstáculo; y si no puedes, ven que Yo sí puedo y te ayudo a hacerlo; pero ven, ¡ven! Yo estoy ahí, cerca muy cerca de ti.
Hoy vine especialmente para decirte, seca ya tus lágrimas, porque aunque no lo creyeras, vine a ayudarte, vine a mostrarte que mi poder es inalterable, imperecedero; vine a mostrarte que Yo Soy Omnipotente y mi poder está al alcance de tus manos; pero sobre todo vine para decirte que Te amo y en este mismo instante te abrazo con mis brazos; mis brazos te rodean; siente paz y tranquilidad; llora, pero llora de paz y de tranquilidad, llora para desahogarte, abrázame fuerte y siente mi amor por y para ti; siente cuanto te amo y no vuelvas a decir ¿Dónde estás?, no vuelvas a orar sin creer ni a pensar sin creer ni a hablar sin creer, porque Yo Soy el que estoy aquí abrazándote, y Yo Soy quien te ayudará siempre; ahora escucha esto… Toda tristeza ¡se va!, Todo dolor ¡se va!, toda enfermedad ¡se va!, recibe paz, recibe sanidad, recibe liberación, recibe fuerzas, recibe mi amor, y no vuelvas a pensar que estoy lejos y que me he ido de tu lado, porque nunca lo haré, a menos de que tú lo quieras; ¡Recibe sanidad! ¡Recibe liberación! ¡Recibe paz! ¡Recibe tranquilidad! ¡Recibe Fuerzas! ¡Más! ¡Más! ¡Recibe mi amor! ¡Abrázame! y siente mi amor, el que hoy he venido a mostrarte, es el mismo que te doy todos los días; seca las lágrimas de dolor, porque Yo he quitado todo eso de ti y te he dado paz, ¿la sientes? ¡Respóndeme! ¿La sientes?, ¿recibiste? ¡Respóndeme! ¿Recibiste?… Sigue adelante, Yo estoy contigo, nunca olvides que Yo estoy contigo y que estoy cerca muy cerca de ti, observándote, escuchándote y mirando lo que haces; no te preocupes por nada porque MI PROTECCIÓN VA CONTIGO, adelante, sigue adelante, y sigue luchando, YO VOY CONTIGO, Te Amo Hij@ Mi@, Bendiciones, Muchas Bendiciones; y sobre todo nunca olvides algo que muchos pero muchos han olvidado…

YO NUNCA LLEGARÉ TARDE

Autor: Juan Carlos Vidal

sábado, septiembre 24, 2011

VIVIR LA FE EN COMUNIDAD


¿Porqué hemos de vivir la fe en Comunidad? ¿Porqué es tan difícil vivirla en solitario?
Parece que vivir la fe es algo tan íntimo que cuesta mucho trabajo compartir esos sentimientos con los demás. Sin embargo creo que la fe es para vivirla en comunidad.

Si ayudas a crear una experiencia de unidad y armonía entre los miembros de una comunidad, se pueden construir hermosas fraternidades con resultados inesperadamente gratificantes para el alma.

No se trata de forzar situaciones, sino de dejarse llevar por la experiencia de compartir algo con lo que te sientes bien con personas que reman en la misma dirección que tú. Comprobarás que todos tenían el mismo destino. Se trata de tomar conciencia de Dios desde el otro.

A veces cuando formamos parte de un grupo, y no tiene por que ser un grupo cristiano, uno espera que los otros tengan una actitud concreta para hacer más cómoda la confraternización, pero la comunidad no la construyen los demás, es desde el amor que yo le pongo a la relación en común donde comienza el éxito del grupo.

Hemos de mentalizarnos que si queremos convivir con un grupo afín tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para conservar la unidad, la comunión de intereses, la armonía grupal.

Pero, ¿cómo podemos conseguirlo?.

Para poderlo explicar, me he inspirado en algunos consejos que le he leído al padre argentino Ricardo Facci:

1º) Insistir en lo que se tiene en común, NO EN LAS DIFERENCIAS.
En un grupo de amigos puede que sea el ocio el que nos une, o las aficiones o incluso las obligaciones. En una comunidad cristiana compartimos al mismo Cristo, la fe, la espiritualidad. A medida que avanzamos en la convivencia, ponemos en común algunos aspectos de nuestra interioridad e intimidad. Pero no debemos olvidar nunca que Dios, a todos nos hizo diferentes: a cada uno nos distingue una personalidad, un carácter, capacidades determinadas. Hemos crecido con un trasfondo familiar concreto, una cultura que nos modeló en varias facetas, una educación que marcó nuestra forma de ser. Sin embargo, dentro de un grupo tendemos a exponer muchas más cosas en común que cualquier diferencia que podamos tener. Ese es el camino, el camino de la unidad, no el de la uniformidad.

La división surge cuando se enfoca la diferencia, en cambio la unidad se logra cuando nos concentramos en el amor y la comprensión a los demás.

2º) Ser objetivo en la relación entre EXPECTATIVAS Y REALIDAD.
Ser realistas cuando formamos parte de un grupo. Es fácil desanimarse por la distancia entre el ideal y la realidad de una comunidad. Sin embargo, para conseguir la UNIDAD debemos amar con pasión nuestra comunidad pese a sus imperfecciones. Quien anhela lo ideal mientras critica lo real, está mostrando una señal de inmadurez. Todos los miembros de una comunidad son pecadores, culpables, responsables de los hechos ingratos. Tú también.

Por otro lado, conformarse con la realidad sin luchar por el ideal, es señal de complacencia. La persona madura sabe que debe convivir con esta tensión. Siempre alguien nos defraudará o decepcionará, pero esto no es excusa para no tener comunión con él. ‘Con humildad y paciencia, sopórtense mutuamente por amor’ (Cfr. Ef 4,2).

Quien ama más el ideal de comunidad que a la comunidad real, se convierte en destructor de ella.

3º) Tomar la decisión de ANIMAR ANTES QUE CRITICAR.
La Palabra de Dios es muy clara en este sentido, insiste mucho en la importancia de no criticar a los miembros de la comunidad, ni compararlos, ni juzgarlos. Siempre debemos alentar a los demás con palabras que animan, que edifican; jamás, derrumbarlos con críticas destructivas.

4º) NEGARSE a escuchar chismes, y mucho más a repetirlos.
¿Qué es un chisme? Es divulgar una información cuando uno no es parte del problema, ni de la solución.

Tampoco debes escucharlos si quieres proteger tu entorno. Escuchar los chismes es como aceptar algo robado, y convierte a uno, también, en culpable del delito. ¿Qué hacer ante alguien que desea contar un tema del ausente? Responder con valentía ‘no necesito saber eso’. Las personas que cuentan chismes, también hablarán mal de ti.

¿Qué derecho tenemos de ventilar los problemas, pecados o intimidades de nuestros hermanos? Acaso, ¿tiene, quien escucha, la solución al problema? Y si no tiene la solución del problema, ¿qué sentido tiene involucrarlo con elementos negativos o que generan negatividades y animadversiones?

Debemos recordar que sin combustible se apaga el fuego: escuchar es combustible. Cuando desaparecen los chismes, finalizan las tensiones.

5º) APOYA al líder o al coordinador del grupo. No hay coordinador perfecto, pero en cualquier grupo que se precie siempre hay una persona que va por delante. La que organiza, la que plantea, la que decide, la que se equivoca. Sin embargo, Dios a través de los miembros del grupo, le dio la responsabilidad y la autoridad para construir y sostener la unidad de la comunidad.
Hay ocasiones en las que el coordinador debe resolver conflictos que se generan dentro del grupo, a veces, entre los propios miembros. Nada grato, por cierto. Hemos de apoyar a ese líder, al coordinador que tira de todos para favorecer la unidad de la comunidad. Estos, además, deben realizar la imposible tarea de que todos estén contentos. ¡Ni Jesús lo logró!
¿Qué estás haciendo para hacer que tu comunidad sea más cálida y fraterna? Hay personas de tu entorno que esperan que alguien que le de su amor y comprensión.
Todos estamos necesitados de amor.

martes, agosto 10, 2010

La Asunción de la Virgen Santísima


Asunción de Nuestra Señora
"María, levántate, te traigo esta rama de un árbol del paraíso, para que cuando mueras la lleven delante de tu cuerpo, porque vengo a anunciarte que tu Hijo te aguarda". 15 de agosto

Solemnidad
Solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, acabado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950.
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Un ángel se aparecía a la Virgen y le entregaba la palma diciendo: "María, levántate, te traigo esta rama de un árbol del paraíso, para que cuando mueras la lleven delante de tu cuerpo, porque vengo a anunciarte que tu Hijo te aguarda". María tomó la palma, que brillaba como el lucero matutino, y el ángel desapareció. Esta salutación angélica, eco de la de Nazaret, fue el preludio del gran acontecimiento.

Poco después, los Apóstoles, que sembraban la semilla evangélica por todas las partes del mundo, se sintieron arrastrados por una fuerza misteriosa que les llevaba a Jerusalén en medio del silencio de la noche. Sin saber cómo, se encontraron reunidos en torno de aquel lecho, hecho con efluvios de altar, en que la Madre de su Maestro aguardaba la venida de la muerte. En sus burdas túnicas blanqueaba todavía, como plata desecha, el polvo de los caminos: en sus arrugadas frentes brillaba como un nimbo la gloria del apostolado. Se oyó de repente un trueno fragoroso; al mismo tiempo, la habitación de llenó de perfumes, y Cristo apareció en ella con un cortejo de serafines vestidos de dalmáticas de fuego.


Arriba, los coros angélicos cantaban dulces melodías; abajo, el Hijo decía a su Madre: "Ven, escogida mía, yo te colocaré sobre un trono resplandeciente, porque he deseado tu belleza". Y María respondió: "Mi alma engrandece al Señor". Al mismo tiempo, su espíritu se desprendía de la tierra y Cristo desaparecía con él entre nubes luminosas, espirales de incienso y misteriosas armonías. El corazón que no sabía de pecado, había cesado de latir; pero un halo divino iluminaba la carne nunca manchada. Por las venas no corría la sangre, sino luz que fulguraba como a través de un cristal.

Después del primer estupor, se levantó Pedro y dijo a sus compañeros: "Obrad, hermanos, con amorosa diligencia; tomad ese cuerpo, más puro que el sol de la madrugada; fuera de la ciudad encontraréis un sepulcro nuevo. Velad junto al monumento hasta que veáis cosas prodigiosas". Se formó un cortejo. Las vírgenes iniciaron el desfile; tras ellas iban los Apóstoles salmodiando con antorchas en las manos, y en medio caminaba san Juan, llevando la palma simbólica. Coros de ángeles agitaban sus alas sobre la comitiva, y del Cielo bajaba una voz que decía: "No te abandonaré, margarita mía, no te abandonaré; porque fuiste templo del Espíritu Santo y habitación del Inefable". Acudieron los judíos con intención de arrebatar los sagrados despojos. Todos quedaron ciegos repentinamente, y uno de ellos, el príncipe de los sacerdotes, recobró la vista al pronunciar estas palabras: "Creo que María es el templo de Dios".

Al tercer día, los Apóstoles que velaban en torno al sepulcro oyeron una voz muy conocida, que repetía las antiguas palabras del Cenáculo: "La paz sea con vosotros". Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre. Temblando de amor y de respeto, el Arcángel San Miguel lo arrebató del sepulcro, y, unido al alma para siempre, fue dulcemente colocado en una carroza de luz y transportado a las alturas. En este momento aparece Tomás sudoroso y jadeante. Siempre llega tarde; pero esta vez tiene una buena excusa: viene de la India lejana. Interroga y escudriña; es inútil, en el sepulcro sólo quedan aromas de jazmines y azahares. En los aires una estela luminosa, que se extingue lentamente, y algo que parece moverse y que se acerca lentamente hasta caer junto a los pies del Apóstol. Es el cinturón que le envía la virgen en señal de despedida.

Esta bella leyenda iluminó en otros siglos la vida de los cristianos con soberanas claridades.

Nunca la Iglesia quiso incorporarla a sus libros litúrgicos, pero la dejó correr libremente para edificación de los fieles. Penetró en todos los países, iluminó a los artistas e inspiró a los poetas. Parece que resurgió, una vez más, en el valle de Josafat, allá donde los cruzados encontraron el sepulcro en el que se habían obrado tantas maravillas y sobre el cual suspendieron tantas lámparas. Como la piedad popular quiere saber, pidiendo certezas y realidades, la leyenda dorada aparece con los rasgos con que el oriental sabe tejerlos entre el perfume del incienso y azahares, adornada con estallidos y decorada con ángeles y pompas del Cielo. Se difunde en el siglo V en Oriente con el nombre de un discípulo de San Juan, Melitón de Sardes, Gregorio de Tours la pasa a las Galias, los españoles la leen en el fervor de la reconquista con peregrinos detalles y toda la Cristiandad busca en ella durante la Edad Media alimento de fe y entusiasmo religioso.

Ni fecha, ni lugar. ¿Cómo fue el prodigio? Escudriñando la Tradición hay un velo impenetrable. San Agustín dice que pasó por la muerte, pero no se quedó en ella. Los Orientales gustan de llamarla Dormición con ánimo de afirmar la diferencia. ¿Tránsito? Separación inefable. Ni el Areopagita, ni Epifanio, ni Dante acertaron a describir lo real indescriptible, inefable: el último eslabón de la cadena que se inicia con la Inmaculada Concepción y, despertando secretos armónicos, apostilla la Asunción con la Coronación que el arte de Fra Angélico se atreve a plasmar con pasta conservada en el Louvre. La Iglesia celebra, junto al Resucitado Hijo triunfante, a la Madre, singularmente redimida, Glorificada desde la Traslación.



martes, julio 20, 2010

"Señor Enseñanos a Orar"


Evangelio: Lucas 11, 1-13

Padre Nuestro

La oración del Padre Nuestro es una oración que solamente un discípulo puede rezar. Es la oración que solamente alguien que esta realmente comprometido con Jesucristo pueden llevar a sus labios y darle sentido.

Fijemos por unos instantes en el orden de las peticiones en el padre nuestro. Las primeras tres peticiones tienen que ver con Dios y con la gloria que se le debe dar a Dios. Las segundas tres peticiones tienen que ver con nosotros, y nuestras necesidades en esta vida.

El Padre Nuestro trae la totalidad de la vida humana a la presencia de Dios y trae la totalidad de Dios a nuestras vidas.

Cuando pedimos el pan diario para sostener nuestra vida terrenal. Esta petición va directamente a Dios, Padre, el Creador, el que sostiene la vida.

Cuando pedimos el perdón de nuestras culpas, esa petición va inmediatamente a Dios, el Hijo, Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor.

Cuando pedimos que se nos libre de la tentación, del mal, esa petición va inmediatamente a Dios, Espíritu Santo, el Consolador, el Fortalecedor, La Guía, el Guardián de nuestro caminar.

De la manera mas sorprendente, la segunda parte del Padre Nuestro recoge el presente, el pasado, y el futuro de la vida entera de cada ser humano y la presenta a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo en toda su plenitud.

En el Padre Nuestro con el que empezamos cada misterio del Santísimo Rosario, Jesús nos enseña a poner en las manos de Dios toda nuestra vida, todo lo que somos y sonamos con ser, y nos enseña también a traer a Dios, a acercar a Dios a cada una de nuestras vidas.

Pidamos a nuestra Madre, la Madre de Dios que nos enseñe a descubrir cada vez que rezamos el Rosario los misterios de nuestra salvación, la verdad del Dios que se hizo uno como nosotros, y el camino de la felicidad humana que saborearemos en cada ave María, en cada misterio, en cada gloria, en cada padrenuestro.

Las lecturas de hoy nos están invitando a evaluar nuestra relación con Dios. Y esta evaluación sólo se puede hacer en los momentos de oración. Las lecturas de este domingo nos están invitando a preguntarnos si nuestra relación con Dios es parecida relación tierna y cercana entre un Pastor y sus ovejas.

¿Vemos a Dios como Padre?

¿Es Dios para nosotros el Padre que conoce nuestros nombres y que nos llama a cada uno por su nombre?

¿Es Dios para nosotros el Padre que conoce nuestro corazón, nuestras debilidades y nuestras grandezas?

¿Somos capaces de identificar la voz de Dios en nuestra vida diaria?

¿Cuando El nos llama a compartir su vida, su vida abundante, somos capaces de escucharle y seguirle al reconocer su voz?

¿O tal vez escuchamos las voces de dioses extraños que nos empujan al pecado y a la autodestrucción?

¿Sentimos que somos parte de su familia, que somos de El y El está entre nosotros?

Si le escuchamos, El no permitirá que nos despeñemos en algún precipicio, o que nos perdamos, o que un extraño nos robe el alma o nos haga perder el corazón. Si sabemos pedir al Padre, El nos llevará a esos verdes pastos donde reina la felicidad, la paz, y la alegría. Si aprendemos a rezar con humildad a nuestro Padre que esta en el Cielo, El nos llevará por el sendero justo de su Reino y su amor y su misericordia nos acompañaran toda la vida. Nos conducirá hacia fuentes tranquilas donde poder reparar nuestras fuerzas después de acudir a El en momentos de amargura, de desconsuelo, de miedo o de dolor.

Si tenemos una relación madura con Dios, nada habremos de temer. Aunque los problemas y las adversidades de la vida nos hagan caminar por noches oscuras, nada temeremos, porque al escucharlo, habremos aprendido la lección más importante que todo cristiano debe saber: que El va con nosotros, y su amor y su Espíritu nos traerán sosiego, paz, armonía, y el verdadero sentido de nuestras vidas. Si en nuestra relación con Dios, si en nuestra oración, lo vemos, lo sentimos, y lo escuchamos, nada nos faltará.

W. Candanedo-Guevara, O.P.

WCandanedo@opsouth.org

jueves, septiembre 15, 2005

La Venida del Cordero


Al despertar de cada día debemos darle gracias a DIOS pues él es tan bueno que atraza su venida, solo para ver quien mas se arrepiente, sé que el camino de DIOS es duro, y demasiado extrecho pero después recibirás una gran recompensa, que esperas escribe tu nombre en el Libro de la Vida.

lunes, septiembre 12, 2005

HABLA CON EL !NO TENGA MIEDO!


CONVERSACIÓN CON DIOS

HOMBRE: Padre Nuestro que estas en los cielos.
DIOS: Si. Aquí estoy..
HOMBRE: Por favor ... no me interrumpa. ¡Estoy rezando!
DIOS: ¡Pero tu me llamaste!..
HOMBRE: ¿Llamé? No llamé a nadie. Estoy rezando.... Padre Nuestro que estas en los cielos...
DIOS: ¡¡¡Ah!!! Eres tú nuevamente.
HOMBRE: ¿Cómo?
DIOS: ¡Me llamaste! Tú dijiste: Padre Nuestro que estás en los Cielos. Estoy aquí. ¿En que te puedo ayudar?
HOMBRE: Pero no quise decir eso. Estoy rezando. Rezo el Padrenuestro todos los días, me siento bien rezando así. Es como cumplir con un deber. Y no me siento bien hasta cumplirlo.
DIOS: Pero ¿cómo puedes decir Padre Nuestro sin pensar que todos son tus Hermanos, ¿Cómo puedes decir que estás en los cielos, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a todos...
HOMBRE: Es que realmente no había pensado en eso.
DIOS: Pero... prosigue tu oración
HOMBRE: Santificado sea tu nombre...
DIOS: ¡Espera ahí! ¿Qué quieres decir con eso?
HOMBRE: Quiero decir... quiero decir... lo que significa. ¿Cómo lo voy a saber? Es parte de la oración. ¡Solo eso!
DIOS: Santificado significa digno de respeto, santo, sagrado.
HOMBRE: Ahora entendí. Pero nunca había pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. "Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo..."
DIOS: ¿Estás hablando en serio?
HOMBRE: Claro! ¿Por qué no?
DIOS: ¿Y que haces tú para que eso suceda?
HOMBRE: ¿Cómo qué hago? ¡Nada! Es que es parte de la oración, hablando de eso... sería bueno que el Señor tuviera un control de todo lo que acontece en el cielo y en la tierra también.
DIOS: ¿Tengo control sobre ti?
HOMBRE: Bueno... ¡Yo voy a la Iglesia!
DIOS: ¡No fue eso lo que te pregunté! ¿Qué tal el modo en que tratas a tus hermanos, la forma en que gastas tu dinero, el mucho tiempo que das a la televisión, las propagandas por las que corres detrás, y el poco tiempo que me dedicas a Mi?
HOMBRE: Por favor, ¡Para de criticar!
DIOS: Disculpa. Pensé que estabas pidiendo que se haga mi voluntad. Si eso fuera a acontecer.. ¿Qué hacer con aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la lluvia, la naturaleza, la comunidad....
HOMBRE: Es cierto, tienes razón. Nunca acepto tu voluntad, pues reclamo por todo. Si mandas lluvia, pido sol.. si mandas sol me quejo del calor, si mandas frío, continuo reclamando; pido salud, pero no cuido de ella, dejo de alimentarme o como mucho.
DIOS: Excelente que reconozca todo eso. Vamos a trabajar juntos tú y yo. Vamos a tener victorias y derrotas. Me está gustando mucho tu nueva actitud.
HOMBRE: Oye Señor, preciso terminar ahora, esta oración está demorando mucho más de lo acostumbrado. Continúo..."el pan nuestro de cada día dánoslo hoy"...
DIOS: ¡Para ahí! ¿Me estas pidiendo pan material? No solo de pan vive el hombre sino también de Mi Palabra. Cuando Me pidas el pan, acuérdate de aquellos que no lo tienen. ¡Puedes pedirme lo que quieras, deja que me vea como un Padre amoroso! Estoy interesado en la última parte de tu oración, continúa...
HOMBRE: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."
DIOS: ¿Y tu hermano despreciado?
HOMBRE: ¿Ves? Oye Señor, él me criticó muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo perdonarlo. Necesito vengarme.
DIOS: Pero.. ¿Y tu oración? ¿Qué quieres decir con tu oración? Tú me llamaste y estoy aquí, quiero que salgas de aquí transformado, me gusta que seas honesto. Pero no es bueno cargar con el peso de la ira dentro de ti! ¿Entiendes?
HOMBRE: Entiendo que me sentiría mejor si me vengara.
DIOS: ¡No! Te vas a sentir peor. La venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me causarías, piensa en tu tristeza ahora. Yo puedo cambiar todo para ti. Basta que tú lo quieras.
HOMBRE: ¿Puedes? ¿Pero cómo?
DIOS: Perdona a tu hermano, y Yo te perdonaré a ti y te aliviaré.
HOMBRE: Pero Señor.. no puedo perdonarlo.
DIOS: ¡Entonces no me pidas perdón tampoco!
HOMBRE: ¡Estás acertado! Pero solo quería vengarme, quiero la paz Señor. Está bien, está bien: perdono a todos, pero ayúdame Señor!. Muéstrame el camino a seguir.
DIOS: Esto que pides es maravilloso, estoy muy feliz contigo. Y tú... ¿Cómo te estas sintiendo?
HOMBRE: ¡Bien, muy bien! A decir verdad, nunca me había sentido así. Es muy bueno hablar con Dios.
DIOS: Ahora terminemos la oración.. prosigue...
HOMBRE: "No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal..."
DIOS: Excelente, voy a hacer justamente eso, pero no te pongas en situaciones donde puedas ser tentado.
HOMBRE: y ahora.. ¿Qué quieres decir con eso?
DIOS: Deja de andar en compañía de personas que te llevan a participar de cosas sucias, secretas. Abandona la maldad, el odio. Todo eso te lleva al camino errado. No uses todo eso como salida de emergencia.
HOMBRE: ¡No te entiendo!
DIOS: ¡Claro que entiendes! Has hecho conmigo eso varias veces. Vas por el camino equivocado y luego corres a pedirme socorro.
HOMBRE: Tengo mucha vergüenza, perdóname Señor.
DIOS: ¡Claro que te perdono! Siempre perdono a quien está dispuesto a perdonar también. Pero cuando me vuelvas a llamar acuérdate de nuestra conversación, medita cada palabra que dices. Termina tu oración.
HOMBRE: ¿Terminar? Ah, sí, "AMEN!"
DIOS: ¿Y qué quiere decir "Amén"?
HOMBRE: No lo sé. Es el final de la oración.
DIOS: Debes decir AMEN cuando aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando sigues mis mandamientos, porque AMEN quiere decir ASÍ SEA, estoy de acuerdo con todo lo que oré.
HOMBRE: Señor, gracias por enseñarme esta oración, y ahora gracias también por hacérmela entender.
DIOS: Yo amo a todos mis hijos, pero amo más a aquellos que quieren salir del error, a aquellos que quieren ser libres del pecado. ¡Te bendigo, y permanece en mi paz!
HOMBRE: ¡Gracias Señor! ¡Estoy muy feliz de saber que eres mi amigo!

viernes, septiembre 09, 2005

Jesus dijo a sus Apostoles



Mi testimonio sí tiene valor, aunque lo dé yo mismo a mi favor. Pues yo sé de dónde vine y a dónde voy; en cambio, ustedes no lo saben. Ustedes juzgan según los criterios humanos. Yo no juzgo a nadie; pero si juzgo, mi juicio está de acuerdo con la verdad, porque no juzgo yo solo, sino que el Padre que me envió juzga conmigo. En la ley de ustedes está escrito que cuando los testigos dicen lo mismo, su testimonio tiene valor. Pues bien, yo mismo soy un testigo a mi favor, y el Padre que me envió es el otro testigo.